Sobre porque un campaña es una buena inversión, o de como alimentamos el sistema de corrupción

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TEMPORADA DE PATOS
Por: Ricardo Falcó

SOBRE PORQUE UN CAMPAÑA ES UNA BUENA INVERSIÓN, O  DE COMO ALIMENTAMOS EL SISTEMA DE CORRUPCIÓN

“El que paga para llegar, llega para robar”
Carlos Gaviria Díaz.

El esquema es sencillo: invertir capital, llegar al gobierno y hacer los negocios. Y es que si usted se pregunta porqué tanta insistencia, tanto derroche de dinero y tanta necesidad en ganar una campaña política, la respuesta es obvia. Invertir para ganar el puesto político no solo es un negocio redituable, también es impune y con mínimo costo político. En el estado lo vemos todos los días: un gobernador que trafica con el agua y los recursos; alcaldes que rentan nuestras patrullas y camiones de recolección de basura a sus amigos; y diputados que aprueban y protegen todo lo anterior.

Pongamos un ejemplo específico. Hace años un funcionario público municipal en Tijuana tenía a su disposición el recurso federal conocido como Ramo 33, etiquetado para ser usado en obras sociales (pavimentaciones, espacios públicos, alumbrado, etcétera). Llega el momento de utilizarlo para una obra que cuesta, digamos, 300 mil pesos. Aquí comienza el negocio. Porque el funcionario en cuestión es amigo de alguien que coincidentemente tiene una compañía de pavimentación. ¿Adivinan a quién le van asignar la inversión? Solo que ahora la calle no costará 300 mil pesos, sino 1 millón, del cual cobrará 30% de comisión. Desde el punto de vista comercial, ser funcionario es un buen negocio.

Multipliquelo por 120 millones de pesos -lo aproximadamente asignado para Tijuana en aquel año- y haga cuentas. Años después aquel funcionario construye, especula y desarrollar bienes raíces con inversiones millonarias en las zonas más caras de la ciudad, mientras se presenta como un empresario exitoso. ¿Coincidencia? Utilice discernimiento el lector.

Ahora pues, en las actuales elecciones hay personajes que ya por muchos años han usado dicho esquema para crear su capital económico. Y ahí la importancia de conocer la historia y perfil de los candidatos. Apelar a la inteligencia de los ciudadanos.

El enojo de los votantes contra el sistema de partidos no es infundado. Y es que ejemplos de lo anterior se han vuelto moneda de cambio descarado en la última década. Desde la Casa Blanca de Peña Nieto a la concesión del agua a privados en Baja California; de un Sistema Integral de Transporte viciado por la corrupción y que costó millones a la auto asignación de 6 millones de pesos para la imagen del Alcalde de Tijuana.

¿Recuerda aquel funcionario que creó su capital con “moches” del Ramo 33? Pues ahora compite por una diputación federal en Tijuana, a la vez que se presenta ante los votantes como alguien que construyó un negocio millonario de la nada, de puro trabajo duro. Es natural, pues, dudar de sus intenciones de utilizar el poder, los recursos y el gobierno para interés de la gente y no de sus negocios.

Por eso el próximo domingo, cuando usted vote, piense por quien lo hace. ¿Por sus intereses o por los negocios de alguien más?

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