Opinión || Benjamín M. Ramírez

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La noche de los nahuales || Benjamín M. Ramírez

KIKO VEGA, EL CALDO DE POLLO Y EL PETATE DEL MUERTO.

 

Hasta estos momentos he intentado comprender toda una serie de acontecimientos registrados en los últimos días, en las últimas horas, de esta vida, mal habida: el protagonismo electorero del presidente de la república, la desgracia del desplome del Black Hawk —confirmando con ello que siempre los de abajo son los que pagan los platos rotos de los malos manejos que realizan los de arriba—. Algo pasa en SEGOB que permite el desplome de aeronaves y, el petate del muerto.

 

O son los pilotos o son las aeronaves. Dos Secretarios de Gobernación han pagado con su vida la falta de pericia de los aeronautas. Nadie en sus cinco sentidos pondrá su vida en manos de un inexperto o de quien apenas aprenda a pilotear. Con la caída del halcón negro, perdieron la vida, los de abajo. A los que el sismo obligó a dormir en la intemperie, desvalidos, inermes. No los mató el movimiento telúrico. Los mató la ineptitud.

 

En otro orden, se puede apreciar el protagonismo electorero del titular del ejecutivo federal que anuncia obras de relumbrón en un lugar y en otro, como tantos otros proyectos que acuerpan el total de los compromisos pactados allende a su campaña. No dudo que en lo subsecuente, durante el periodo de inter-campaña, el titular del ejecutivo siga anunciando obras “para que lo bueno cuente y siga contando”, a pesar de tener un candidato oficialista que no levanta.

 

Dentro de este mismo orden de ideas, la figura de una calamidad, empleando el sofisma del falso dilema —involucra una situación en la que se presentan dos puntos de vista como las únicas opciones posibles—, el Partido Revolucionario Institucional, PRI, en su intentona de espantarnos con el petate del muerto, emplea un recurso anquilosado y vetusto que ya nadie le cree. Debo suponer que sólo intenta dar “patadas de ahogado”, pretender inútilmente despegarse del tercer lugar en el que se encuentra.

 

No dudo de que el PRI tenga en manos muchas recetas —que le han funcionado en el pasado y que probablemente le pueden funcionar en estos meses— para poner en marcha e influir en el electorado de tal modo que provoque el miedo y la animadversión del ciudadano en contra de sus rivales.

 

De algún modo el comercial “Imagina” apela a la falacia del falso dilema: si no votas por nosotros va a pasar lo que el spot de propaganda priista lanza en contra de sus adversarios.

 

Desentrañar esta falacia es condición de la verdad.

 

Imagina si gana el PRI, estaríamos peor de lo que se vive en el país. El cinturón de miseria que ronda por los 52 millones de pobres, gracias a la política asistencialista implementada por los gobiernos durante décadas y las eternas promesas de campaña de acabar con la miseria. Esto no será realidad porque al actual régimen le conviene tener su reserva de votos entre los más desposeídos, son clientes cautivos a los que se recurre en cada periodo electoral.

 

En otros asuntos, quiero responder a Francisco Martín Moreno en su intentona de inhibir el voto a favor de “Ya sabes quién”.

 

Francisco Martín Moreno argumenta, falacia de por medio, las razones por las que no votaría por el candidato de la coalición “Juntos haremos historia”.

 

El natural de Macuspana no ha sido —salvo Jefe de Gobierno de la CDMX— Secretario de Estado ni titular del poder ejecutivo, para atribuirle, bajo falacias, el atraso y retraso en el desarrollo del país en caso de ser el candidato vencedor. PEMEX, mi estimado Francisco Martín Moreno, ha sido la cueva de Alí Babá y sus 40 ladrones. Ahí tenemos al sempiterno líder sindical arropado por el poder y defenestrado por sus contrarios dentro de las filas del STPRM. Han sido los que gobernaron “administrando la abundancia” monopolizando esta ubre que ya sólo prevé sangrías para las próximas generaciones, los responsables del fracaso de PEMEX.

 

Miente Francisco Martín Moreno al responsabilizar a AMLO por el retraso educativo. Me gustaría que este “curro” autor de novelas impensables, se diera una vuelta por las aulas de las escuelas en los lugares más recónditos del país, en los lugares en los que me tocó visitar y palpar con mano las grandes carencias y dificultades con las que la labor docente se lleva a cabo.

 

Ahí tiene a su flamante coordinador de campaña del PRI, antes titular de la SEP, que prometió, siempre promesas, una revolución en el ámbito educativo. No lo logró porque nunca tuvo la intención. El problema no es la CNTE, ni los maestros, el problema es la política educativa que permea un tipo de ciudadano ideal que responda a las expectativas del gobierno en turno. Construir ciudadanos a modo que sean fáciles de convencer con una campaña de miedo, incapaces de razonar y de buscar la verdad porque ella está vedada a las masas, porque de encontrarla se vería obligada a exigir un cambio de régimen y en consecuencia, los privilegiados de siempre, no gozarían de las canonjías que los provee el gobierno en turno.

 

La reforma no cumple con las expectativas de desarrollo del aprendizaje porque es una copia de modelos implementados en otros países pero con el matiz de reforma laboral que subyace en el tercero constitucional que pega y fuertemente en la estabilidad laboral y emocional del profesional del aprendizaje.

 

Lo digo con argumento de causa porque he sido evaluado en dos ocasiones, sometido a práctica nazi en los desvencijados campos de concentración, hoy llamadas aulas. Someterse a una evaluación “voluntaria” desde las 06:30 hasta las 18:00 horas. Sin que se haya previsto dentro del día de la evaluación un tiempo para la comida. Evaluación inhumana, antipedagógica e irracional.

 

Pero así son las acciones del gobierno. «Imagina, maestro, un día sin evaluación punitiva». «Imagina un día sin aulas sobrepobladas, tal como lo dicen los cánones de educación de calidad. Un aula con más de 20 alumnos es un crimen». Imagina un aula donde se aprenda en libertad y se busque la verdad y no se domestique, tal y como siempre lo ha querido el PRI y sus aliados, falacia de por medio. Sólo imagina.

 

Y si de falacias se trata, el más falaz ha sido sin duda el gobernador bajacaliforniano Kiko Vega. El gobernador, sin duda, en sus intentonas por justificar la necesidad de las plantas desaladoras, ejemplifica, de un modo cantinflesco, sacando a colación lo que se necesita para lograr un caldo de pollo. Kiko Vega hace uso de la falacia «afirmación del consecuente», Si A, entonces B. B; por lo tanto, A.

  • ¿Qué se necesita para hacer un caldo de pollo?, —preguntó el mandatario.
  • El pollo, —contesta un avezado.
  • —Refuta el mandatario, volviendo a la cargada.
  • ¿Para que haya agua que necesitamos?
  • El agua, contesta una voz.
  • ¡Ahh! ¿Y si no hay planta? —Aquí la falacia—. ¿Qué vamos a tener? Ni pollo ni agua.

 

Para concluir me gustaría involucrarme en el diálogo.

 

  • Para tener el caldo de pollo se necesita tener la transparencia necesaria e indubitable de que no existen vicios ocultos al otorgar los contratos millonarios a incondicionales y no dejar endeudada las arcas estatales por generaciones, misma que ha sido una práctica recurrente entre los gobernadores en las últimas décadas, sin que se haya castigado a un solo de ellos.

 

Termino. Lamentable la muerte de inocentes a raíz del desplome de una aeronave. Irracional es intentar comprender el porqué de la desgracia que sufre el más desfavorecido, apelando al dicho que “al perro más flaco se le suben las pulgas”. Más lamentable aún es intentar cooptar la democracia con base en el miedo y la cerrazón de un régimen que subyace en los estertores de la derrota.

 

Como Francisco Martín Moreno, lo he denunciado a tiempo.

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