Reconcíliate con tu mascota…y contigo

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Reconcíliate con tu mascota…y contigo

 

Reconciliación….No precisamente la palabra adecuada para estimular  puesto que en realidad ellos jamás han estado enojados con nosotros, pero tampoco pretendo generar un cargo de conciencia innecesario por lo que relatare a continuación y que pudiera herir susceptibilidades anémicas.

En uno de esos momentos que tenemos en común los humanos donde por lapsos intermitentes retiramos la venda con la que vivimos a diario y nos aventuramos a hacer el recuento del tiempo vomitado, las omisiones consumadas o empecinados en vislumbrar y resolver el siempre incierto futuro, perdiéndonos en tiempo, forma  y espacio; pero además  acompañando de la melodía melancólica ideal en el altavoz del teléfono, me di cuenta que a mis pies se encontraba mi puerquita Carola completamente inmóvil, sin emitir su peculiar sonido gutural, cautelosa como evitando distraer mi meditación; hecho que considere extraño puesto que normalmente gusta de entretenerse masticando mis agujetas lo cual genera posteriores tropiezos y maldiciones he de confesar.

 

En esta ocasión solo permanecía inmóvil, milagrosamente callada…me retire unos pasos para ver lo que hacía y en realidad no me sorprendió tenerla nuevamente a un costado en cuestión de segundos, fue entonces cuando me percate que se encontraba absorta disfrutando la melodía que escuchaba, me senté en el suelo y le acerque el celular a la oreja, me intrigaba saber lo que haría cuando terminara la canción, verdaderamente la estaba disfrutando, justo al término de esta volteó a verme con  su mirada fija en la mía,  expectante, la conexión que para ese momento ya era obvia ayudo a interpretar su silencio pues tácitamente me pedía que la volviera a repetir y una vez cumplido su capricho se sentó a mi lado desparramando ese trasero que tantas carcajadas me han producido verla correr.

 

A su lado, inmediatamente me invadió una paz que hacía muchos meses no sentía, esa tranquilidad me abrió todos los sentidos e inmediatamente comencé a percibir el aroma del casi finiquitado  octubre al rozar su viento en mi piel, el sonido de las hojas de mis bambús e incluso juraba poder escuchar el pensamiento del resto de mis perros…muchos para quien ose preguntar.

-¿Qué onda cabezón donde has estado?… Que gusto verte de nuevo-, parecían decir…lamente haberme perdido tanto tiempo en el trabajo, en nimiedades,  pasatiempos infructíferos y  efímeros; me sentí culpable de haberlos descuidado tratando de salvar a otros tantos animales no humanos y humanos, recordé que su vida es muy corta en comparación con la nuestra notándolo solo cuando ya no están y que justo los momentos de mayor paz en mi vida han sido a su lado, jugando, observándolos y procurando esa comunicación inter especie.

 

Recordé a los  que perdí y no disfrute, a los que no acaricie lo suficiente, me avergonzaron las pelotas que no arroje, los paseos que no di y los premios que no otorgue por su excelente comportamiento e influencia en mi vida y con solo un atinado suspiro intente pedirles perdón.

 

Esa noche cenamos todos juntos dentro de casa incluyendo Carola, mi consentido volvió a dormir conmigo y sus ronquidos arrullaron mi intranquilidad, bendije lo heterodoxo de mi vida y abrace mi locura haciendo las paces con ellos pero sobre todo conmigo mismo, volví a sentir esa dicha que solo ellos proporcionan sin cuestionamientos y sin esperar nada a cambio porque a final de cuentas lo importante es que por fin estaba de vuelta.

 

-¿Te ha sucedido lo mismo últimamente?-, créeme que este sería el momento ideal para ponerle remedio a tu situación, porque mañana…

 

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